miércoles, 26 de abril de 2017

Cosas que llevo en mi equipaje

¿Dime que llevas de viaje y te diré que tipo de persona eres? Esta pregunta aparecía en la publicidad de una tienda de maletas y bolsas. Y me ha hecho reflexionar.

En algún lugar de casa tengo una bolsa de viaje preparada por si tengo que salir sin previo aviso. No contiene muchas cosas de valor ni es pesada. El pragmatismo me puede: Dos o tres calzoncillos blancos CK. Una camisa de mangas largas de Devota & Lomba. Un cargador solar para pilas AA y AAA. Crema antisolar Nivea factor 50. Loción antimosquito con sabor a mandarina. Una cuchilla del ejercito suizo. El libro Cosas que aprendí en el jardín de infantes. Un mp3 con la música que oiría antes del Apocalipsis. Dos barras de chocolate y una de muesli. Una botella con agua de Aragón. Una gorra de Abercrombie & Fitch color verde limón. Una caja de Almax. Un paraguas telescópico y un corbata de cuadros negros sin brillo.                                                                                                                                                   
No sé si estas cosas dirán mucho de mí. Pero como sé que en el mundo exterior hay desafios prefiero ir apertrechado.

martes, 25 de abril de 2017

La Semana Santa explicada a los dinosaurios

El rebaño ha comenzado a prepararse para las celebraciones de Semana Santa. Colocan los tapetes y cortinas violetas en la capilla. Se muestran serios y respetuosos. Cantan himnos solemnes. Hacen un silencio reverencial cada vez que se leen los textos dominicales.

Pero me temo que la Semana Santa es más que eso. Incluso diría que no es como lo venimos celebrando año tras año. Así que les digo que la Semana Santa es compasión.

Y la compasión es un movimiento del alma que nos hace sensible al mal de los demás. Nada que ver con la lástima o la pena ante la desgracia ajena. Es más bien generosidad. Mucha generosidad tanto en formas como en contenidos.

viernes, 21 de abril de 2017

Supongamos que hablo sobre el perdón

Ramón se suicidó el segundo viernes de Septiembre. Edna, su esposa lo lloró amargamente durante una semana. Después se ha atrincherado en una mezcla de sentimientos de culpa, de perdón, de resignación e incertidumbre.                                                                                                                               
Estoy tratando de escribirle una carta a mi hermana; pero no logro escribir más allá de la frase introductoria: Querida Edna. Y es que los supuestos sobre el perdón que he aprendido en las Escrituras me rodean y pretenden abordarme. Los nombraré a ver si con ello consigo un poco de respiro.                                              

a) Se perdona a un culpable.
b) Desde el orgullo no se puede perdonar.
c) El que ofrece el perdon discierne entre su libertad y su responsabilidad.
d) Para perdonar tiene que haber una víctima.
e) El perdón convierte la culpa en algo pasado.
f) Una cosa es poder perdonar y otra es tener la obligación de perdonar.
g) En el perdón genuino hay altruísmo y generosidad.
h) El perdón nos libera del exceso de la ofensa.
i) Podemos perdonar cuando ha pasado el duelo.
j) El perdón tiene que ver con la memoria.
k) Lo que se perdona no tiene porque pasar al olvido.
l) Podemos recordar el día que fuimos perdonados.                                                                       

Aún no se si le acabaré la carta. Ser pastor de la familia es una labor ardua y dolorosa. Pero dentro de mi está la certeza de que cuando perdonamos nuestro pasado cambia. Se hace nuevo.

jueves, 20 de abril de 2017

Un estado de melancolía

Durante setenta y un días no he podido escribir nada. Y cuando digo nada es nada.                       
Lo único que he podido hacer trás cada amanecer es esforzarme para que el cerebro de las ordenes más pertinente y primarias: hay que bombear sangre a todo el cuerpo, hay que inhalar y exhalar aire, hay que abrir los ojos y dejar que la luz entre, hay que sacar los pies de la cama y ser valiente, hay que tragar y beber aunque no se tengan deseos, hay que ducharse, hay que caminar. Hay que vivir.  
Al principio creí que era un estado de agotamiento espiritual.. Pero lo que me alarmó fue el no poder escribir. Y aun peor, no sentir la necesidad de hacerlo. Así que me fuí al médico del cuerpo creyendóme que podría recetarme algo para el alma.                                                                            La consulta fué rápida y muy profesional. El diagnóstico muy preciso: un estado de melancolía. La receta impoluta: tomar en las mañanas sertralina y hacer una terapia ambientalista, consistente en una dieta variada, paseos por los campos y escuchar música.                                                             
Como padezco el síndrome del hermano mayor me he tomado sus indicaciones con mucha seriedad y disciplina. Tomo la pildora en la mañana antes que caliente el sol . Intento comer algo más que lo que oferta la tienda de IKEA. Me paseo por Parque Grande mientrás se pone el sol porque allí los atardeceres son apacibles. Y he comenzado a disfrutar de los videos musicales de youtube por orden alfabético. Voy por la letra A.                                                                                                           
Los miembros del rebaño se muestran solidarios y atentos. Han descubierto mi frágilidad. Algunos me traen dulces y otros se sientan a mi lado en silencio. Otros, los más optimistas, me han traido cientos de folios de papel en blanco y muchos lápices.  
Hacía setanta y un días y diesciseis horas que no escribía nada.

martes, 18 de abril de 2017

Todas las generalizaciones son falsas

Crecí rodeado de generalizaciones por los cuatro puntos cardinales. Con los años he añadido algunas más. Deshacerse de algunas de ellas lleva toda una vida.
Los EE.UU son un lugar malo para vivir.
¡Como en España no se come en ninguna otra parte!
Los judíos matarón a Jesús.
Es mejor que muera uno por el pueblo a que perezca todo el pueblo.
Los Reyes Magos eran tres.
Papa Noël es una criatura pagana.
Saulo de Tarso era misogino.
La Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica
La historia de Jericó la escribieron los vencedores.
Hay guerras justas y guerras injustas.
Jesús es el único camino a Dios.
Todos los caminos conducen a Roma.
El que tiene amigos tiene una fábrica de azúcar.
La amistad es el mejor bálsamo para las heridas que produce en el alma un amor mal correspondido.
Los emigrantes son unos parásitos.
El que no trabaje que no coma.
A los adolescentes no les gusta ducharse
La juventud es un tesoro.
Los escandinavos son gente fria y seria.
Stockholm es la Venecia del norte.
Toda reflexión sobre Dios es teología.
Cuando se está triste no se debe hacer teología.
Aquí se vive mejor que allá.
Alla se muere mejor que aqui.

lunes, 17 de abril de 2017

A veces me entusiasmo

Me entusiasma la idea de relacionar al Reino de Dios con la tierra, la semilla y el crecimiento. Es más, me siento hoy como un pez en el agua cuando se me habla en estas categorías tan poco urbanas y a la vez tan rurales.
Me entusiasma la idea de oír decir que el Reino de Dios no es un programa político o una especie de ON´g que Jesús se ha empeñado en traernos. No, Jesús es un sembrador. Pero no cualquier tipo de sembrador. Jesús es el Sembrador.
Me entusiasma el saber que el Reino de Dios no se impone desde arriba como suele acontecer con los decretos y reglamentos; sino que se inicia desde el interior de cada persona, como un catarro, y lo va contagiando todo: la familia, los amigos, los compañeros, al pueblo, la sociedad, nuestro mundo.                                                                                                                                                  Me entusiasma el ver como Jesús, busca en la vida y en los acontecimientos elementos e imágenes que puedan ayudar a los hombres a percibir y experimentar la presencia del Reino. Jesús cuenta dos pequeñas historias que acontecen todos los días en la vida de todos nosotros: la historia de la semilla que crece por si sola y la historia del grano de mostaza que crece y se vuelve grande.
Me entusiasmo cuando releo esta historia de la semilla que crece por si sola. El sembrador que planta conoce el ciclo: semilla, brote verde, hoja, espiga, trigo. No usa la hoz antes de tiempo. No se desespera. Pero no logra explicar como la tierra, la lluvia, el sol y la propia semilla se conjuran para unir la fuerza de hacer crecer una planta desde la nada. Así es el Reino de Dios. Sigue un proceso, tiene etapas, Tiene plazos. Crece. La vida va aconteciendo. Produce el fruto en un tiempo determinado. No cuando nosotros deseamos o nos urge. Pero nadie sabe explicar su fuerza misteriosa. Nadie es dueño de nada. De nada. Solo Dios.
Me entusiasmo cuando tengo en la mano un grano de mostaza. Alguien me dijo que puede crecer y que se vuelve grande. La semilla de mostaza es pequeña, pero crece. A veces las cosas pequeñas se vuelven grandes. Así es el Reino. Inexplicable. Débil al principio. Quizás hasta frágil. Comienza siendo un enano, pero crece y alarga sus ramas. La historia de la iglesia empezó con Jesús y unos pocos discípulos. Jesús fue perseguido y crucificado. Pero lo que al principio era local y escaso creció y sus ramas se fueron extendiendo. La parábola que nos narra Marcos deja unas preguntas en el aire, una pregunta que tendrá una respuesta más adelante: ¿Quiénes son las aves que moran en el árbol de mostaza? El texto sugiere, si Ud. hace una lectura inclusiva, que se trata de los gentiles que podrán entrar en la comunidad y participar en el Reino.
Me entusiasmo con Jesús. Es un tipo sorprendente. Nada academicista. Jesús no explica las parábolas. Cuenta las historias y provoca en nosotros la imaginación y la reflexión del hallazgo.
Me entusiasmo con gente así. Me entusiasmo con estas narraciones que nos ayudan a volvernos transparentes. Traslucidos. Me entusiasmo cuando la gente puede ver al Reino de Dios a través de mí. Aunque sólo sea un destello. Un anuncio. Un trailer del futuro, aquí y ahora.

viernes, 14 de abril de 2017

Me doy permiso

Durante años me creí la tesis de que había sido yo quien se había encontrado con Dios. Pero la verdad verdadera es que somos los encontrados. Los conocidos por Jesús.
Mientrás acudí a la Escuela Dominical asumí la idea de que el cristianismo era el encuentro del hombre con la Iglesia. Pero después de quince años como pastor en Zaragoza me veo diciendo que el cristianismo es el encuentro de Dios con el hombre. Pero no de cualquier Dios, sino de un Sr. Dios que se hace hombre en un mundo de mitos y de hombres divinizados.
Cuando abandoné la infancia  atesoré la idea de un Dios-juez que anotaba con suma precisión todos mis pecados en una especie de bloc con caratúla negra. Ahora a los jóvenes de mi comunidad les trato de meter en la cabeza la idea de que donde Dios ve pecado pone justicia, donde ve lo malo pone lo bueno. 
Ya sé que son ideas poco ortodoxas, pero me doy permiso para aceptar la idea de que el Amor sólo vé el bien.