viernes, 19 de mayo de 2017

Tengo un amigo que cultiva cebollas

Tengo un amigo que cultiva cebollas
y que me explica la diferencia que hay entre ser bueno
y no ser malo,
que me comenta como si tuviera siete años que no es lo mismo
ser pacifico que medroso,
que me alerta sobre el abismo que separa la castidad
de la represión.
Tengo un amigo que cultiva cebollas
y que me argumenta porque algunos tienen fe
y otros simplemente práctican ritos,
que dedica tiempo y energías a hacerme ver
la diferencia que subyace entre el barniz del amor a la tierra
y el desprecio porque sí de todo lo extranjero,
que me muestra los sinsabores de la humildad
y los de la incapacidad de quererse un poco a uno mismo.
Tengo un amigo que cultiva cebollas
que me pone por escrito para que lo memorice el concepto de perdón
y el de dejarse avasallar,
que me subraya en los libros la palabra generosidad y limosna
para que no vaya equivocado por la vida,
que describe con luminosidad las características de una persona libre
y me muestra el camino sin salida de ser un rebelde sin causa.
Tengo un amigo que cultiva cebollas
que localiza en el mapa el lugar de la sexualidad
y el de los instintos,
que hace uso de metáforas para describir el amor a los padres
y cómo los necesitamos cuando ya no están,
que me cuenta una y mil veces la historia del Buen Samaritano
y la de la Caperucita Roja.
Tengo un amigo que cultiva cebollas
que se muestra indulgente cuando no soy capáz
de diferenciar el llanto por cortar cebollas
del llanto cuando un amor me deja sangrando 

y sólo bajo la lluvia.

jueves, 18 de mayo de 2017

No sé como pude estar tan ciego

Ahora entiendo la diferencia
entre tus dioses y el mío.
Los tuyos preparan los carros
y van a la guerra.
Vencen y escriben la historia
no toleran a los disidentes
rematan a los heridos
en el campo de batalla.
Levantan templos
que desde lejos parecen fortalezas
Y desde cerca
siguen siendo fortalezas.
Ahora entiendo la diferencia
no se como pude estar tan ciego.
Tus dioses te ordenan
que me sacrifiques
y mientrás levantas el cuchillo
el mio me dice que te perdone
porque no sabes lo que haces.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Me doy permiso para pedir perdón

A veces leo periódicos viejos. Para ver como era el mundo que ya no es. Y me tropiezo con la entrevista que El País hizo en una de sus ediciones dominical del 2009 a José Luis Centella, Secretario General del Partido Comunista de España y los pelos de los brazos se me ponen de punta. Como escarpias.
Asi que me doy permiso para ser un homo politicus por unos momentos. Hay muchas cosas que no entendo de mi mundo. No entiendo, por decir una cosa, por qué somos siempre los mismos los que hemos de permanecer callados, mientrás los demás dicen lo que piensan sin tapujos. Y usan la prensa, la radio y la televisión sin ningún miramiento. Ni compasión. Bueno en realidad no hay mucha compasión en la política nacional.
Me imagino que las palabras de Centella sean sus opiniones personales. ¿O estará hablando como Secretario General? Así que, aquí y ahora, diré las mías sin espesuras ni adornos versallescos. Comienzo. Nací bajo la dictadura del proletariado teniendo como guía y camino el que trazaba el Partido Comunista de aquellaisla y eso no me hizo un tipo de derecha ni un fascistas. Aunque algunos de mis colegas lo sospechan. La intolerancia y la falta de libertad me hizo más tolerante y más sensible a la libertad y al respeto por los demás. Es irónico decirlo pero el marxismo me empujó encontrarme con Jesús, el Cristo. Y el empujón fue tan fuerte que mira a donde he llegado.
No se si los comunistas acabarán pidiendo perdón o no un día en aquellaisla. Creo más bien que será la historia quien nos saque de dudas. Quien nos aclare que entre el negro y el blanco hay muchos grises. 
También he aprendido que es muy fácil ser de izquierdas en la península y defender sin fisuras el módelo socio-ecónomico de Cuba. De ahí que la izquierda europea haya estado fascinada con sus dictadores durante el s. XX. Y que cuando Marx sentenció a la religión como el opio de los pueblos no tuvo la visión necesaria de imaginarse que después vendrían drogas más fuertes. Más totalitarias. Más deshumanizantes. Pero no quiero parecer simple. Hay que investigar más. Hay que denunciar. Hay que dar a conocer. Por lo pronto he estado haciendo revisiones bibliográficas en libros tildados de izquierda. Y lo que he encontrado es sorprendente. Dice, por ejemplo,  el Diccionario soviético de filosofía, editado por Ediciones Pueblos Unidos, en Montevideo en 1965: la práctica es el criterio de toda verdad. Me gusta este postulado leninista. Pero no es nuevo, ya lo utilizó Pablo de Tarso, que no era marxista, en establecer relaciones con los no judíos. Así que de tener el móvil o el e.mail del ciudadano Centella le invitaría a que me acompañáse a visitar mi familia en aquellaisla el próximo año.
Quizás vería, si quiere, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver, que no todos los presos políticos que están encarcelados son autores de atentados terroristas ni por estar a sueldo de la Embajada de los EE.UU. Quizás, si mira bien, se daría cuenta que el bloqueo que más daño hace, no es el que ha impuesto el gobierno norteamericano a la isla, sino el que ha puesto el propio gobierno a sus ciudadanos.
Ya se que la historia está llena de crímenes. Horrendos. Inolvidables. Vergonzosos. Incluso la historia del cristianismo tiene su antología poética. Pero a diferencia de Centello, algunos cristianos estamos dispuesto a pedir perdón.Y decir: me he equivocado. Y Uds. tenían razón.

martes, 16 de mayo de 2017

Los gedeones siempre llaman dos veces

El primer Nuevo Testamento que poseí, en aquellaisla, era liliputense y de un azul marino muy sobrio. Era la versión Reina-Valera 1960. Vaya, la de toda la vida. También era bilingue  y al final tenia los Salmos. En la carátula estaba impresa una especie de ánfora de dos asas. Eran parte de una donación efectuada por los Gedeones Internacionales. 
Asi que guardo buen recuerdo de estos hombres de negocios y encorbatados y su misión de inundar escuelas, universidades y hoteles con una parte de las Escrituras. Las griegas. Y es que la versión completa de la Biblia solo se regala en inglés. Para el que no lo sepa se lo explico ahora: los Gedeones Internacionales son una organización cristiana de empresarios y profesionales dedicada a la distribución de copias de las Escrituras en más de 90 idiomas y 200 países del mundo. Y la cede central está en Tennessee, EE.UU.
Ahora pongo los pies sobre la tierra. Les cuento que los Gedeones están en España. No sé desde cuando, pero están. Algunos han pasado por nuestra comunidad en los últimos cinco años con la puntualidad de las golondrinas que arriban a Europa después de haber pasado el invierno en el norte de Africa. Pero este año ha ocurrido algo diferente. Me han llamado dos veces.
En la primera llamada me dicen, después de saludar evangélicamente, que están por la zona y querían estar un domingo con nosotros para presentar su ministerio. Yo les pregunto por qué zona. Y es que estas mismas palabras me dicen los comerciales de una compañía de teléfono de cuyo nombre no quiero acordarme y los distribuidores de agua embotellada. Me dicen que estarán por Zaragoza. Asi que quedamos que en Mayo llamarían para decir el día de su presentación.
Ahora es Mayo. En la segunda llamada, ayer, alguien me saluda evangélicamente y se presenta como el director de esta organización paraeclesial en España para confirmar el domingo de la visita. Ahora llega lo el trámite burocrático. Me pregunta: Pastor, ¿seguis siendo una iglesia inclusiva o estás arrepentido de ello?
Trago en seco. Al principio me quedo como se quedó Pablo en el camino a Damasco, mudo y con la carne de gallina. Respiro hondo y le respondo: Pues claro, estimado. Cada primer domingo de mes le damos pan y vino a los niños de nuestra congregación y a todos los fóranos que lo desean. Si somos una iglesia inclusiva. A lo que él ni tardo ni perezosoo responde: No, no me refiero a ese tipo de inclusividad como una comunión abierta, sino que el término inclusivo es sólo aplicable a las iglesias que reciben homosexuales. ¿Recibis homosexuales? Entonces se apodera de mi lo que hay de isleño bruto y le respondo sin pelos en la lengua. Pues claro que los recibimos. Pero no sólo nosotros sino todas las iglesias evangélicas de la ciudad, lo que pasa es que en la mayoría de ellas no es posible decirlo en voz alta. Yo fui un firmante de la Declaración de Mamré y mientrás, con la Palabra en la mano no me demostreís lo contrario soy esclavo de mi conciencia. A veces soy muy luterano yo.
Entonces se despide cortésmente.  No me dice el mágico Dios te bendiga. Pero me recuerda que los gedeones tienen como principio no visitar iglesias que le dan la bienvenida a los homosexuales. 
Cuelgo el teléfono y pienso en Oscar, un amigo de la infancia. Rechoncho y con pecas.  Oscar, el escosés. También él recibió un Nuevo Testamento pequeño y de un azul marino muy sobrio. Con un ánfora impreso en la cubierta. Un Reina-Valera 1960 de pura cepa. Bilingue y con los Salmos al final del librico. Ahora he de compartir algo: Oscar es homosexual, y no ha dejado de asistir a la iglesia de nuestra infancia. Pero no se lo digaís a los gedeones. Serían capaces de ir a aquellaisla y quitarle el Nuevo Testamento. Y es que él lo guarda con mucho cariño, como un tesoro, como una señal de que Dios le ama y es que ese Nuevo Testamento fue el libro con que se acercó a Jesús. Y ya sabes Jesús lo abrazó, le puso una capa sobre sus hombros, le colocó unas sandalias en los pies y le dió un anillo. Y comenzó la fiesta.

lunes, 15 de mayo de 2017

Cuando el desayuno no es nacional ni es de oración

Los sábados, no podría ser otro día de la semana, comienzo el día con un desayuno norteamericano. Y me gustaría que no se entendiese como algo político, sino más bien como algo relacionado con el hambre y el tiempo. O el tiempo y el hambre. Una vez más, el orden de los factores no altera el producto. Invierto unos minutos en prepararlo con solemnidad, incluye leche desnatada con chocolate, zumo de naranjas, tres naranjas, huevos fritos, dos, beacon, pan recien horneado, mermelada y mantequilla. Me siento a comer y escucho a Albinoni. Y reflexiono en voz baja. Para que nadie me escuche.
Hay costumbres en mi cristianismo que llegan de los EE.UU sin necesidad de visado o de una adecuada cuarentena. Son rutinas que se preparan sin un proceso de culturalización, que fijan un blanco y abren fuego. Sin previo aviso. Sin explicarse. Que se dan por sentadas y que con los años se convierten en una tradición. En el santo santorum de la fe. Y yo frente a ellas, protesto. O me autoexcolungo.
Algo semejante me sucede con el Desayuno Nacional de Oración. Lo explico a continuación: es un evento anual que tiene lugar en Washington el primer jueves de Febrero. El acto, que a día de hoy consiste en una serie de reuniones, almuerzos y cenas, se viene repitiendo desde 1953. El desayuno, celebrado en el salón de bailes del Hilton, acoge a unas 3500 personas, incluidos invitados extranjeros de más de 100 países. Los anfitriones del evento son miembros del Congreso de los Estados Unidos, y es organizado por un lobby conservador cristiano más conocido como The Family. Durante los primeros años el acto recibía el nombre de Desayuno de Oración Presidencial, cambiándose en  1970 a Desayuno de Oración Nacional.
Ahora viene lo bueno. Lo real maravilloso. Hace algunos años atrás se intentó implantar por el mundillo evangélico en España. Pero sin la presencia del Presidente del Gobierno, eso que juré frente a un crucifico no es perdonado por los evangelicales. Más bien se convocó con autoridades civiles de Segunda B de comunidades autónomas y municipales. Y las poca veces que se convocó se realizó en lugares elegantes, que emanaban poder y caros. Escándalosamente caros.
Ya sé que el desayuno es importante, mi médico de cabecera me lo ha repetido un millón de veces. Pero es en esas mañanas de sábado, cuando el silencio se adueña de mi calle como un eau de parfum, cuando aprovecho, mientrás mastico y bebo, para mirarme por dentro. Para quererme un poco. Para intentar sacar a la luz mis manchas y que las combata el sol, porque yo solo no puedo. Y soy consciente de que mis desayunos no son nacionales ni de oración. Ni quiero que lo sean mientrás camine por esta tierra de flores y serpientes. O de serpientes y flores.



viernes, 5 de mayo de 2017

El agua que pasó ya no mueve la noria

El Sr. Dios no es como nos lo habían contado en la Escuela Dominical. Y esto nos hace sentir enojadosy bifurcados aqui y ahora.                                                                                                                  
Los amigos me dices que creen en el Sr. Dios, pero la realidad es que siempre tiene dudas de El. Y para no entrar en conflictos, con el sector más tradicionalista, no diré nada sobre la manera de amar que tiene, sobre la existencia del cielo o sobre la defición de infierno que nos hacemos. La realidad, a veces la única, es que las dudas son nuestro credo más cotidiano. Por eso no logramos avanzar mucho sin cansarnos. Por eso nos encontramos la mayoria de las veces escondidos en los cuarteles de invierno. Alguien me dijo una vez que hay iglesias que son cuarteles de invierno.                             

La confianza es lo más parecido al andar por un camino nuevo. Cuando caminamos con confianza nada resulta ser un escollo, ni los espinos ni las serpientes. Cuando camino junto al Canal Imperial reflexiono en voz baja, para que nadie piense que soy un orate. Creo que hay cosas que han de ser cambiadas en el edificio eclesial, o han de ser vistas desde otro lugar, como hacen los alejados de la fe. Y es que planteamientos como siempre se ha hecho así ya no me sirven de nada. Y cuando digo nada es nada. El agua que ya pasó por el río no mueve la noria.                                                                 

Por lo pronto sigo caminando. Por prescripción médica lo hago, más que por abandonar al mundanal ruido de Zaragoza. Pero también hago algo que el médico no me dijo: estoy rompiendo un cascarón y mirando al mundo exterior con expectativas. Y es que nunca me han gustado los cuarteles.

jueves, 4 de mayo de 2017

El niño mormón

Koko se despertó cuando el sol entraba por la ventana y le daba en la cara. Sus hermanos mayores habían abandonado la habitación. Se estiró como un gato después de muchos días de invernación y se vistió con el short sin cinturón pero con tirantes. Pasó por la cocina tomó un pedazo de pan embarrado en mermelada de guayaba y salió al patio. Era sábado y sus hermanos estaban ayudando en la vaqueria. Asi que tendría el día para mataperrear, que es como se dice perder el tiempo en aquella isla.
Cruzó frente al caserón de Violeta, escondidos por las arecas. De algunas cocinas del vecindario salía ese olor de comino y de cilantro recien cortado. Las mujeres cocinaban frijoles negros. Y este aroma se esparcia por la calle como un perfume. Inundandólo todo. Metió la mano en el bolsillo posterior derecho para asegurarse que el tirapiedras seguía allí junto a la cuchilla. Seguían. Entro por el camino lateral de la casa de Antonia, saludó a Enrique de limpiaba las cantinas de la leche. El olor a vaca e hierbas fermentadas le llegó como un golpe familiar. Se encaminó al lindero que separa el campo de caña de las plantaciones de yuca.
Koko tenia nueve años. Y a los nueve años no se tienen muchas aspiraciones. Pero Koko tenia una: le gustaría hacer un viaje largo hacia el oeste, donde hubieran indios que asaltaran las caravanas, donde se pasara hambre y sed. Pero al final estaba la tierra de leche y miel. Sus hermanos Jorge, Isel, Armando, Gladys y Ada se reían de él y le habían bautizado como mormón. En el colegio se aburría como una ostra en el mar Caribe asi que soñaba con los ojos abiertos. Los padres le dedicaban poco tiempo dado que había que traer dinero a casa. Asi que se creaba su propio mundo. Los domingos eran el único día que todos se reunián para ir a la iglesia presbiteriana del pueblo y había de postre panetela con almibar.. Era el día de poner los pies sobre la tierra. Pero eso sería mañana. No hoy.
Koko entro al cañaveral como quien entra a su casa. Con desfachatez y dando con una vara de guasima a diestra y siniestra. Buscaba unas cañas gordas. Esas ya tenian el zumo bien azucarado. Se sentó y comenzó a comer.
Al principio fue como una sensación dulce. Despúes llegó el sueño. No podía mantener los ojos abiertos. Se recostó sobre el bagazo y durmío. Se había emborrachado.
A las  cuatro de la tarde lo despertó el griterio. ¡KOKO, KOKO, KOKO! Le llamaban. Pero si sólo había salido hacia un rato de casa. Salió al trillo dando tropezones y rasgandose la cara con las hojas de la caña. Sentia que la cabeza le daba vueltas. Gerardo lo cogío en brazos y lo llevó corriendo a casa de Antonia. Creía que un majá le había mordido.
Lo primero que hizo su madre fue abofetearle. Despúes se seco las lágrimas y le limpió la cara de sangre y guarapo mezclado con un trapo que olía a cloro. Su padre le miró y él bajó la cabeza. Armando se lo echó al hombro como si fuera un fardo de tabaco. Caminaron a casa entre las palabras de alegría  de los vecinos.
En la actualidad Koko sigue bebiendo guarapo de caña. Pero ahora lo hace en el portal de su casa sentado en un sillón de aluminio. Sigue viviendo en el mismo barrio. Sigue iendo a la misma iglesia. Nunca salió de aquella isla. Nunca ha visto a un indio. Su hijo fué el que hizo el viaje, pero no al oeste sino al norte. A la frontera de los Pirineos. Pero esa es otra historia.