martes, 12 de diciembre de 2017

¿Por qué llora Caín?

Yo no conocí el Edén. 
Cuando nací, al padre Adán y a la madre Eva ya les habían expulsado de él. Soy el hermano mayor. Y eso me obliga a ser serio. A no darme permiso para mostrar ninguna emoción. Ninguna. Por eso en aquella tarde cuando el Sr. Dios me hizo una dura pregunta le dispare con el arma de la queja: ¿Acaso soy yo responsable de mi hermano?  
Pero yo sabía la respuesta. Siempre la he conocido. Y me escondí. Y me llené de tatuajes para que los demás al verme supieran que soy alguien que se deja llevar por las pasiones. Y me fui lejos. Pero el dolor vino conmigo. Nunca nos abandonan nuestros errorres por muchos sacrificios que ofrescas. Y es que cada vez que quiero decir si digo no.
Ahora que mis cabellos se han hecho blancos le añoro. Ya no le puedo escribir: Querido hermano. Tengo una buena huerta. Todos tienen envidia de mis verduras. Pero Abel no está. ¿Qué por qué estoy llorando? Porque se hace díficil respirar después de matar a quien amas.

lunes, 4 de diciembre de 2017

El egoísmo del cristianismo

Clark Kent hace cosas buenas por las personas pero al final de cada episodio se queda solo. Completamente solo. Me dice que no es feliz. Así que me le acerco y le paso la mano por el hombro.
Tampoco yo puedo ser feliz durante las veinte y cuatro horas del día. Y si soy sincero, he de aceptar la idea de que ni por veinte y cuatro minutos logro ser todo lo feliz que me han prometido que sería en la Escuela Dominical. Y no importa a que comunidad cristiana pertenezca. No importa cual es mi confesión de fe. Y es que tener fe no nos asegura poseer la felicidad más allá de un instante.
A veces inscribirte en el libro de membresia de una iglesia puede empeorar tus penas, recrudecer tus instintos más individuales y acabas sacando a la luz pública lo que tenías oculto bajo siete llaves: el egoísmo más virulento. Ese que no te deja ver a los que están a tu lado. Ese que te dice no entres a la fiesta porque el otro hijo de tu padre, el pérdido, el liberal, ha vuelto a casa. Y le han perdonado. Y tú no quieres perdonarle. Y es que tú eres mejor que él y a tí nadie nunca te ha hecho una fiesta.
Cuando te proclamas seguidor de determinada iglesia te situas frente a uno de los problemas más comunes de todos los que salen del armario y toman partido por una causa. Y es que comienzas a transitar un camino diferente, o que al menos tú consideras diferente al resto de los caminos. Y poco a poco, día trás día, año litúrgico trás año litúrgico, acabas teniendo la presunción de que es el único recto. De que eres la vasija que porta la verdad terminante.
Los que caminan este sendero acaban vistiendo la capa de la soberbia. Y miran con envaramiento a los que asisten a otras comunidades cristianas o tienen otros credos. Y se colocan sobre el pecho la letra M de color escarlta que significa nada más y nada menos que Misionero. Y su obligación es encarrilar a los otros, a los que no son como él, al camino verdadero. Y no lo hacen porque sean malignos. No. Simplemente creen que si todos comparten su dogma el mundo que conocemos seria una especie de Jardín del Edén. Ilusos que no han leído las Escrituras.
Ya no le digo a Clark Kent ni a ninguna otra persona que sus doctrinas están erradas. Simplemente me quedo a su lado, a veces en silencio, para que no pasen la infelicidad solos. Como me gustaria que hicieran lo mismo conmigo un día.
Lo que si puedo decir es que disponer una doctrina para hacer oficial nuestra manera de pensar es algo errado. Injusto. Egoísta. Adsolutamente egoísta. Nada que ver con Jesús.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

El buen catalán

Reflexión sobre la compasión en la mesa redonda de ADIA[1]

Se cuenta de un hombre que viajaba de Zaragoza a Jaca y en el camino fue asaltado por unos delincuentes que le quitaron todo lo que llevaba y lo dejaron tirado, medio muerto, junto a la autovía. Después de un tiempo pasó por allí un hombre que hacia senderismo, pero como quería llegar a la meta a tiempo no se detuvo a prestarle auxilio. Después pasó una mujer que paseaba un perro y temiendo que fuera una trampa siguió de largo. Al cabo de una hora  llegó un catalán que se detuvo al ver el hombre tirado sobre la tierra, se acercó y preocupado llamó al servicio de emergencia. Se sentó junto al hombre y le cogió la mano mientras le decía que la ayuda estaba en camino y después lo acompañó al hospital hasta que llegó su familia.

No sé si se atreven a decir cual de ellos mostró compasión.

Espero muchas cosas siempre de la vida. A nivel personal espero respeto, por ejemplo, pero también espero cariño y misericordia porque reconozco que no soy un hombre perfecto. Me gustaría que la gente tenga misericordia de mí si un día me encuentran caído en el camino. Pero también espero cosas de la vida pública y una de las cosas que espero de nuestra Asociación es que podamos contribuir a hacer de nuestra ciudad un lugar donde se pueda vivir con dignidad, sin temor, con esperanzas, con paz, a pesar de que tenemos maneras diferentes de entender como debe ser nuestra vida aquí en esta tierra de flores y serpientes. Algunos de nosotros somos practicantes de un tipo de fe y quizás haya entre nosotros alguien que no albergue ninguna fe. La buena noticia es que tanto los primeros como los segundos tenemos algo que aportar. La mala noticia es que formamos parte de algunos problemas que tenemos entre manos y que conviene resolver.

Se nos ha invitado a dialogar para tener paz. Y admito que necesitamos dialogar en la familia, en los trabajos, en la Universidad, en la iglesia, en la mezquita, en la asociación. Pero también sabemos que todo diálogo es difícil, muy difícil diría yo, si sólo aspiramos a compartir nuestra visión del mundo y no hacemos nada más. Hacer eso no es dialogar.

Vivimos en un mundo muy polarizado, un mundo donde el dinero nos dice que es blanco y que es negro, en una cultura donde se nos han enseñado a odiar a los enemigos, en una religiosidad que predica el desprecio a los diferentes y donde una de las primeras cosas que se nos enseña desde niños es a ser violentos con los que nos golpean en la mejilla. Nuestra sociedad es una sociedad sin compasión. Nuestros representantes políticos son un ejemplo de ello. En los medios de comunicación la compasión brilla por su ausencia. Y echo en falta como cristiano en el diálogo cotidiano con mis propios hermanos de fe el ejercicio de la compasión.
Así que les voy a pedir una sola cosa en esta tarde: que seamos compasivos cuando hablemos los unos con los otros, si es que queremos tener un futuro y no sólo buenas intenciones. La compasión está en el centro de todas las espiritualidades o tradiciones religiosas y de las éticas no religiosas que conocemos. Y esta antigua palabra, que no dice mucho hoy porque denota cierta fragilidad, significa en el castellano que hablamos en el valle del Ebro que hay que tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros.
Pero la mayoría de las veces se confunde compasión con la palabra piedad, o la benevolencia sentimental o el sentir lástima. Pero la realidad es que tiene que ver más con el hecho de sufrir, de compartir y experimentar juntos. La compasión, desde el punto de vista de los cristianos, la necesitamos aquí y ahora. No es algo que se pueda comprar en el Corte Inglés o en Amazon

Ud. se preguntarán: ¿Y esto cómo lo hacemos? Les propongo hacer un camino juntos, Un camino que sigue ciertas etapas y que requiere de tiempo: Un camino….



1.    Donde podamos aprender sobre la compasión sin necesidad de un libro de autoayuda

2.    Donde podamos mirar nuestro mundo como es y no como nos dicen que fue

3.    Donde podamos sentir compasión por las personas que un día quisimos ser y que ahora quizás no somos.

4.    Donde podamos mostrar empatía por los que no tienen nada

5.    Donde podamos meditar sobre nuestra vida diaria

6.    Donde podamos hacer juntos una acción por pequeña que sea

7.    Donde podamos reconocer nuestras ignorancias y no creer que lo sabemos todo

8.    Donde podamos aprender a hablarnos sin desamor

9.    Donde podamos mostrar interés por los demás

10.Donde podamos aprender

11.Donde podamos reconocer lo bueno que hay en el otro

12.Donde podamos amar a los que nos hacen daño



Este camino no es fácil. Se los aviso. Es empinado. Hará frío. Soplará el viento. Algunos nos abandonaran. Otros se dirán que somos unos románticos. Pero es un camino que tendremos que hacer ya no por nosotros, sino por nuestros hijos y nuestros nietos. Tengan esperanzas. No estamos solos.


Noviembre 2017


[1] Asociación para el Diálogo Interreligioso en Aragón.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Las viejas costumbres son más fuertes que el amor.

Algunas cosas las aprendí cuando era niño en la escuela dominical y nunca las he olvidado. Por ejemplo: La ballena es un mamífero. Nínive fue una ciudad imperial. Y Jonás, bueno, Jonás era un nacionalista.
A veces miro mi vida. A veces me pongo delante del espejo para verme los ojos. Para verme por dentro. A veces leo un libro para saber donde estoy. A veces el Sr. Dios me habla. A veces el Sr. Dios me dice no mientras me envía a cumplir con una misión en medio de gentes muy diferentes a mi. A veces eso me enoja. Y es que soy un hombre de costumbres. De viejas costumbres. De no haberme bautizado con el nombre que llevo seguro me hubieran llamado Jonás.
Jonás es un profeta diferente. No proclama oráculos. Su discurso es mínimalista. Es de los que prefiere la huida antes que la confrontación. Jonás es un nacionalista de toma pan y moja. Por eso no cree en la misericordia del Sr. Dios a la hora de hacer la misión a otra gente que no son los de su pueblo. El es más partidario de usar con ellos el juicio, el castigo, el Apocalipsis.
Jonás no entiende al Sr.  Dios. Por eso opta por el divorcio. Por la separación. Por la lejanía. Y no recuerda que un principio teologal a la hora de misionar es aceptar la idea de la soberanía de Dios. Jonás se olvida que es falible y limitado y que no puede hacer la voluntad del Sr. Dios haciendo uso de sus propios medios ,o aun peor, cuando pretende decirle al Sr. Dios cómo tratar a los de Nínive. Por eso lo único que escuchamos en medio de tantos ruidos es que el Sr. Dios le dice no a Jonás y si a los ninivitas.
A veces me veo luchando hasta el último momento por imponer mi estrechez a la amplitud del Sr. Dios. Y es que el problema la mayoría de las veces no son lo diferente que son los demás, sino la manera que yo veo el mundo. Mientras yo me muestro como un particularista el Sr. Dios es un universalista. Mientras yo pongo límites al amor el Sr. Dios ama sin ellos.
Si, las viejas costumbres de hacer misión sin misericordia son difíciles de olvidar. Y es que hay costumbres que son más fuerte que el amor.

martes, 21 de noviembre de 2017

Soy adicto.

Me llamo Gil y soy adicto. Pero nadie lo sabe.
Todo comenzó con una sensación rara. Era Junio. Primero fue como si un insecto me camina por la espalda desnuda. Y diera vueltas y vueltas sobre el musculo dorsal derecho sin marearse. Después tuve la percepción de tener la piel quemada por el sol y la camisa al rozarme me causaba una molestia. Así fue durante unos días. Con las semanas fue un dolor naciente. Lento. Tenue. Esporádico. Zonal. Creciente. 
Al mes se manifestó con toda su naturaleza. Con toda su fuerza. Con todo su desgarro. Como si alguien estuviera rompiendo un cascarón para salir fuera. Y pensé que me había hecho daño con las pesas. Ya sabes, siempre buscamos un chivo expiatorio. Un culpable. Alguien que evite que digamos: Por mi culpa. Solo por mi culpa. Así que las pesas fueron arrinconadas. Y es que a las pesas no le podemos pasar un cuchillo por el cuello y verter su sangre sobre el altar.
Pero el dolor se hizo adulto. Todo crece en esta vida. Incluso el sufrimiento. Pero no todos los crecimientos son buenos. Algunos son dolorosos. Y me despertaba en mitad de la noche y me ofrecía un vaso de leche caliente endulzado con miel del Pirineo y una aspirina. Y me quedaba a escuchar la música de Dinah Washington con audífonos para no molestar a la vecina. Y me acurrucaba en el sofá y tatareaba las canciones como si fuera una plegaria. Una oración para que el dolor se fuera. Y me decía a mí mismo: Quiero dormir, quiero dormir, por favor!
Al mes acudí al médico. Sentarse era doloroso. Estar de pie una tortura. Acostarse un suplicio. Pero los hombres somos medrosos. Sabemos leer mapas pero nos cuesta ir al médico. El diagnostico: una contractura localizada. El medicamento: un antinflamatorio y más aspirina. El doctor me dijo que el dolor de espaldas es muy común en las personas que envejecen. Y supe entonces que me estaba haciendo viejo. Pero también me dijo que mi cuerpo hace señales a veces para que me detenga. Para que respire y mire al mundo. Para que no intente ser tan productivo ni tan eficiente. Y que me debo detener cuando las señales llegan. Y que el dolor es una señal clara. Y que si estoy estresado. Y que si sufro ansiedad. Y yo queriendo que el dolor me abandonara como esos amores cobardes que no llegan a historias ni a nada.
En todos estos años he estado escondiendo los dolores. Posponiéndolos. Haciéndoles no visibles. Pero siempre acaban por salir a la luz. Por presentarse sin cita previa. Por mostrarse tal como son. Y llega la sanidad en forma de medicina no tradicional. Y  me dejo que me acuesten en una camilla de la clínica Homeobest y me den secciones de electroestimulación en la espalda y es entonces cuando veo la zarza ardiente que no se consume a mi lado y me quito los zapatos porque creo que la tierra que piso es sagrada.
Ser escuchados y cuidados es bueno. Todos los sabemos. Pero si también te ofrecen masajes y electroestimulación entonces es como encontrarte con Dios. Cuando Dios se hace presente los dolores se van. Las penas emigran. Y entonces te puedes dar el lujo de responder a la pregunta: ¿Quién soy yo?
Y aquí me tienes, acostado boca abajo, con las placas de electroestimulación adosadas al dorsal derecho y vibrando, con un foco rojo calentándome, la luz apagada de la habitación y escuchando como en el hilo musical canta Malú Como una flor. Podría decir que estoy feliz. Podría. Pero no lo diré. Hay cosas que es mejor demostrarlas. Y la felicidad como el amor han de ser hechas públicas. Además en cinco minutos más
la máquina de electroestimulación se detendrá y volverá la enfermera y encenderá la luz y me quitará la lampara de calor. Y es que la felicidad dura poco. A veces diez minutos. Diez minutos de electroestimulación.
Y saldré a la calle. y si alguien me pregunta quién soy, diré sin morderme la lengua: Me llamo Gil y soy adicto a la electroestimulación.

sábado, 18 de noviembre de 2017

El camino menos transitado.


Mis amigos no cristianos se han presentado en casa como un rebaño que busca un abrevadero. Saben que para el cumpleaños preparo una especie de ensalada tropical y fría con base de pollo y que contiene piña. Pero no se presentan con las manos vacías. Son unos no-cristianos muy ortodoxos. Tocan el timbre de la puerta y cuando salgo me cantan al unisono acompañados por una guitarra:

El tiempo pasa nos vamos poniendo viejos 
y el amor no lo reflejo como ayer 
y en cada conversación, 
en cada beso, en cada abrazo, 
se impone siempre un pedazo de razón.
Pasan los años y como cambia lo que yo siento
lo que ayer era amor se va volviendo otro sentimiento
porque años atrás tomar tu mano, robarte beso
sin forzar el momento
formaban parte de la verdad.
Y el tiempo pasa nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo como ayer...


Guardo silencio porque no puedo hablar. Algo húmedo y salado me corre por la mejilla. Y vienen y me abrazan, me besan y me aprietan y me dan un paquete envuelto en papel de regalo con motivos otoñales y preguntan si la ensalada está fría. Y les digo que sí y me arrastran hasta el segundo piso y se sientan en el salón.
Abro el regalo con la ilusión de un niñocon un juguete nuevo. Es la colección del cómic de Apocalipsis de Stephen King. En la contraportada han escrito: A un pastor muy raro; pero nuestro favorito. Y han puesto sus nombres. Y doy las gracias con una imperceptible inclinación de cabeza y me llevo los libros a la nariz. Y respiro hondo. Me encanta el olor a tinta inyectada. Y suspiro mientras las botellas de sidra son descorchadas. Y les doy de comer a los hambrientos. Y aprovecho que tienen las bocas con pollo, pasta, y piña para decirles que me siento muy orgulloso de ellos. Que me han hecho el camino soportable a pesar de su no militancia en eso que llamamos iglesia.
He estado pensando en eso de ser raro. Lo he confirmado en el diccionario y es entre otras muchas cosas no ser como la mayoría, ni hacer lo que todos hacen. Ser raro es poseer algo extraordinario, es ser poco frecuente. Ser raro significa también ser extravagante. Tanto como la existencia de un perro verde. Y me pregunto, ¿si los no cristianos que me conocen me ven así, cómo me verán con los que comparto la fe?  
Reconozco que no me gustan las liturgias sin poesía ni los proyectos sin emociones. Que huyo de los argumentos que acaban con la frase: siempre se ha hecho así y de las teologías que abogan por el:  punto final. De hecho me estoy replanteando la eclesiología encorseta y alienante del cristianismo contemporáneo.Y me niego a poner en práctica la revancha a aquellos que me han hecho daño cuando lo natural y lo que espera todo el mundo, incluido los cristianos, es que use la venganza para hacer justicia. Ser raro en los tiempos que vivimos incluye abogar por la compasión. Ejercer el perdón. Aun corriendo el riesgo de que nos vuelvan a lastimar. Pero no tengo un arma mejor para combatir la maldad.
Mis amigos no cristianos quizás tengan razón y yo sea un simple pastor raro. Alguien que cuando se tropezó en el bosque con dos caminos eligió el menos transitado. Y cuando eliges este camino pueden ocurrir muchas cosas. Puede pasar que  te encuentras con el lobo. O con una chica que se cubre con una capa roja.
 Y el tiempo pasa nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo como ayer...


miércoles, 15 de noviembre de 2017

No estoy solo

No estoy solo,
es solo una apriencia.
Y ya sabes,
las apariencias engañan.
No estoy solo,
es un efecto óptico
de los crepúsculos
en Florencia.
No estoy solo,
es que a esta hora,
entre dos luces,
los turistas optan por esconderse
entre un buen vino y una pasta caliente.
No estoy solo,
ha sido con toda la intención del mundo
que me he colocado
en una esquina cuando la tarde se acaba
y la noche avanza.
No, no estoy solo,
asi que no te muestres lastimosa.
Te prometí,
y ya sabes, lo prometido es deuda,
que me llegaría a la capital de Toscana.
Y a esa hora, entre dos luces,
donde todo aparenta que estoy solo
en la Piazza del Duomo
me comería un helado de pistacho
y pensaría en ti.
No estoy solo,
no te guies por los pareceres
no te dejes llevar por las conjeturas
no te abandones a la tristeza.
No estoy solo,
tu estás conmigo;
pero no sales en la foto.
De hecho
los amores que mueren
no salen en ninguna foto.