La oveja negra de la familia


Estimado Marko:

Te escribo para que sepas dos cosas. En primer lugar, todas las ovejas son importantes, aun las que viven lejos del rebaño. Y la segunda cosa, no tenemos que entenderlo todo en esta vida.

En tu último comentario, al capítulo nueve que compartí, me dices que leer Eclesiastés se te vuelve arduo. Y yo sólo puede responderte: ¡Bienvenido al club! Lo desconocido nos cuesta mucho, quizás por ello optamos las mayoría de las veces por atrincherarnos en la comodidad que ofrece el miedo o en la tranquilidad que simula el rechazo. Pero por esta vez te animo a que insistas en la lectura. A que vuelvas a intentarlo. Es como ir al gimnasio. Al principio te duele hasta el alma, después, bueno después se torna en una adicción que cuesta abandonar en cualquier esquina.

Eclesiastés es un libro para muchas personas. Y a la vez para muy pocas. Así que te puedes incluir en cualquiera de los dos grupos. Incluso es para esas personas que creen que si se comportan bien y actúa honestamente en todos sus asuntos, el Sr. Dios les aceptará con los brazos abiertos y les pondrá unos zapatos nuevos Pero has de saber que es un libro que porta una filosofía dura de la vida, muy contracultural diría yo, y los momentos alegres son escasos. En dos palabras: contiene cesaciones tristes y pesimistas.

Pero te digo esto para que no te amilanes. Hemos visto, comentando los capítulos anteriores, que muchas de las enseñanzas del libro son radicales y toda radicalización nos causa una especie de sarpullido a los que hemos vivido bajo gobiernos que ofrecen a sus ciudadanos pocas libertades individuales. Pero podemos llegar al acuerdo que muchas de las cosas que aquí se nos dice no representan el punto de vista del cristianismo contemporáneo, si es que existe tal cristianismo, ni el punto de vista del Sr. Dios a todo lo largo de las Escrituras. Por ello se ha de ser cuidadoso.

Te cuento que tenía un profesor en el Seminario que nos decía que Eclesiastés era como la oveja negra de una familia. Y esta imagen, tú y yo, la podemos entender muy bien. Y es que puedes encontrar en el libro una serie de pasajes que parecen contradecir a otros de las Escrituras. Pasajes que dan la impresión de expresar ideas contrarias a algunas de las grandes enseñanzas que aprendimos en la Escuela Dominical. Quizás ahora puedas entender porque esta recopilación sapiencial ha sido una de las favoritas entre los laicos. Te cito algunos de ellos: Volney, Voltaire y Schopenhauer.

Cuando me preguntan dónde está el hombre que narra el libro de Eclesiastés siempre respondo de la misma manera, debajo del sol. No está en la isla de Patmos teniendo visiones aunque este segundo sitio nos resulta más romántico y mucha de nuestra teología está apegada a ella. El Sr. Dios está más allá del sol, nosotros debajo de él. Y nuestra manera de experimentar el frío o el calor se reflejan en nuestra manera de ver cada amanecer y cada ocaso. La vida aquí es finita, se corrompe, se erosiona; pero es aquí y no en otro lugar donde crecen los tulipanes y donde leemos poesía.

Esta es la tensión que soporta Eclesiastés, pero que nosotros no somos capaces muchas veces de entender. Porque estamos lejos de la casa del Padre. Porque tenemos hambre y nadie nos da de comer.

En mi próximo comentario hablaré sobre el ruiseñor y sobre la sardina. Ten paciencia, ya queda menos de invierno.

Te abrazo


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