Hay que encender una luz en la oscuridad
El día ya ha comenzado. Y el sol sale para todos. Para los que se saben amados y para los que lo han olvidado. Para ti y para mí, hoy es un nuevo día. Una nueva oportunidad.
A nosotros nos gustan los lugares importantes. Los asientos de primera fila. Nosotros tenemos predilección por salir en las fotografías versallescas. Si, nosotros creemos que nos merecemos más que lo que ahora, y aquí, poseemos. Nosotros creemos que los medios justifican los fines. Pero nosotros estamos errados cuando usamos las palabras para buscar beneficios personales. Cuando creemos que un fin noble nos permite hacer malas prácticas. Si, nosotros estamos errados.
Y frente al error solemos hacer dos cosas: continuar como si no pasara nada o respirar hondo y rehacer el camino. Muchos hombres y mujeres optan por el primero. Es lo más cómodo. Lo más infantil. Es lo más popular. Y es que lo segundo, causa dolor. Exige hacer cambios, sobre todo por dentro. Y nos empuja a salir de la oscuridad.
Jesús prepara a los discípulos para lo que ha de venir con gestos y palabras. Pero los discípulos están atrapados por el relato de que la vida de fe es un jardín sin espinas. Los discípulos esperamos una recompensa inmediata por parte del Sr. Dios porque un día le dijimos: creo. Pero el pasado no es un lugar donde podemos vivir ya.
Jesús no cree en los juegos de tronos ni en las artimañas del poder. Y por eso camina hacia Jerusalén. Y nosotros sabemos que en Jerusalén hay una cruz. Pero no es la muerte quien tiene la última palabra, sino el amor. Sólo el amor.
Lectura del evangelio de Marcos 10, 35-45
Santiago y Juan, se acercaron a Jesús y le dijeron: Maestro, queremos pedirte algo. Jesús les preguntó: ¿Qué quieren que haga? Le dijeron: Queremos sentarnos junto a ti en tu gloria: el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Jesús les respondió: No sabéis lo que estáis pidiendo. ¿Podrán ustedes beber la misma copa de amargura que yo estoy bebiendo, o ser bautizados con el mismo bautismo con que yo estoy siendo bautizado? Ellos le contestaron: ¡Sí, podemos hacerlo! Jesús les dijo: Pues bien, beberéis de la copa de amargura que yo estoy bebiendo y seréis bautizados con mi propio bautismo; pero que os sentéis el uno a mi derecha y el otro a mi izquierda, no es cosa mía concederlo; es para quienes ha sido reservado. Cuando los otros diez discípulos oyeron esto, se enfadaron con Santiago y Juan. Entonces Jesús los reunió y les dijo: Como ustedes saben, los que se tienen por gobernantes de las naciones las someten a su dominio, y los que ejercen poder sobre ellas las rigen con despotismo. Pero entre ustedes no debe ser así. Y si alguno quiere ser grande, que se ponga al servicio de los demás; y si alguno quiere ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque así también el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos.
¿Quién me acompañará hoy en una oración?
Padre: A ti mis primeras palabras de esta mañana. Espíritu Santo, tú iluminas el sendero cuando en la oscuridad andamos. Jesús, contigo quiero caminar. Amén. Augusto G. Milián

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